La investigación del grupo de neurocientíficos de la Universidad Autónoma de Barcelona.

¿Qué tienen que ver el yoga y la neuroplasticidad? En este artículo profundizamos en esta relación entre ejercicio, movimiento, conciencia postural, yoga y neuroplasticidad cerebral.

Se ha podido demostrar que el ejercicio físico puede reportar muchos beneficios a nuestra capacidad intelectual, y facilitar los procesos de aprendizaje así como la memoria. Esto es lo que estudia este grupo de neurocientíficos utilizando roedores para su investigación de los efectos del ejercicio sobre los procesos de aprendizaje. Centran su investigación en el BDNF, el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF), que es una proteína que tiene la actividad en ciertas neuronas del sistema nervioso central y el sistema nervioso periférico. Esta proteína ayuda a la supervivencia de las neuronas existentes, y potencia el crecimiento y la diferenciación de nuevas neuronas y la sinapsis a través de axones y dendritas de germinación.

En el cerebro, el BDNF está activo en el hipocampo, la corteza, el cerebelo, el área ventral tegmental y el cerebro anterior basal, áreas vitales para el aprendizaje, la memoria, la motivación y el pensamiento superior. El BDNF es una de las sustancias más activas para estimular la neurogénesis. Los ratones que nacen sin la capacidad de sintetizar BDNF sufren defectos en el desarrollo del cerebro y del sistema nervioso sensorial, y suelen morir poco después del nacimiento, lo que sugiere que el BDNF juega un papel importante en el desarrollo neurológico normal.

Se podría decir que si se bloquea el proceso de BDNF se bloquean los procesos de aprendizaje y los procesos de memoria. Para poder aprender nuestros circuitos sinápticos tienen que ser plásticos, adaptables. El ejercicio genera esa capacidad de adaptarse a la situación, lo que ayuda al aprendizaje y a la memoria. Si dejamos de hacer ejercicio continuado, el BDNF decae.

Una conclusión a la que llega este grupo de investigadores es la relacionada con el dicho popular de que “nuestro cuerpo tiene memoria” al referirnos a la capacidad que tiene nuestro cuerpo de volver a alcanzar los niveles de rendimiento que se alcanzaron en el pasado. Lo que se ha comprobado es que practicar ejercicio de forma continuada deja huella en nuestro cerebro, y si abandonamos durante un tiempo esta práctica continuada y luego volvemos a retomarlo, nuestras neuronas recuperan rápidamente los niveles de BNDF. Se trata de una capacidad de nuestro sistema nervioso de conservar circuitos y reservas.

 

Yoga y neurogénesis: ¿puede el yoga ayudar a la generación de nuevas neuronas? ¿Cómo?

La práctica de yoga influye la actividad cerebral y los procesos cognitivos de muchas maneras a través de la práctica de técnicas de pensamiento, respiración, posición corporal y meditación. Todos estos métodos influyen el cerebro. Las técnicas del yoga facilitan el potencial del cerebro para llevar a cabo un cambio al nivel de las neuronas.

sistema nervioso terapia somática

La investigación sobre la capacidad de las neuronas de modular la fuerza y la estructura de las conexiones sinápticas en respuesta a ciertos tipos de experiencia se centra sobre todo a nivel neuronal. La plasticidad engloba la síntesis de proteínas en la sinapsis. La señal puede generarse en la sinapsis y después viajar al núcleo. Una vez en el núcleo, la señal cambia en la expresión genética. La señal viaja de vuelta a la sinapsis con la nueva información genética para producir un cambio en la fuerza de la sinapsis. Algunos de los mecanismos de la plasticidad sináptica engloban la síntesis del ARN. Al partir de la base de que la plasticidad ocurre a nivel sináptico, queda más claro por qué las posibilidades de la neurogénesis son mucho mayores de lo que se había creído hasta ahora.

Una vez que ha quedado claro que la neurogénesis ocurre a cualquier edad, los investigadores se han centrado en descubrir cómo ocurre el proceso. Los investigadores han medido un número de condiciones que estimulan la neuroplasticidad y la neurogénesis, entre otras el ambiente enriquecido y la práctica de ejercicio físico.

Un ambiente enriquecido influirá el desarrollo del cerebro. Cuando en los experimentos con roedores se les ofrecía a éstos un ambiente enriquecido que compartían con otros individuos de su especia, con escaleras para subir y bajar, ruedas en las que girar, sus cortex se volvieron más gruesos que aquellos roedores que vivían en cajas sin ningún extra. Estas diferencias se reflejan en la conducta también. Las ratas de ambientes enriquecidos actuaron mejor en tareas como laberintos. Las conexiones sinápticas eran más densas y las ramificaciones dendríticas más complejas. Además, cuando los animales eran desplazados desde ambientes empobrecidos a otro enriquecido, ellos experimentaban un repentino aumento en la neurogénesis, especialmente en el área del giro dentado del hipocampo relacionado con el aprendizaje y la memoria. (Briones, Kintsova y Greenough, 2004; Greenough, Black y Wallace, 1987)

Basándose en los experimentos de Greenough sobre el agrandamiento del cortex en ambientes enriquecidos en aquellos individuos en desarrollo, los investigadores experimentaron los efectos de un ambiente enriquecido en roedores adultos. Emplearon para ello roedores adultos criados en ambiente empobrecido durante 45 en ambiente enriquecido. Después de este relativamente corto periodo de tiempo, el número de neuronas en el hipocampo de estos roedores era mucho mayor que el de aquellos roedores que se quedaron en la típica jaula de laboratorio (Kuhn, Dickinson-Anson y Gage, 1996). Incluso un cerebro adulto experimenta la neurogénesis cuando se le ofrecen los adecuados estímulos ambientales.

La actividad física también estimula la neurogénesis, aunque los mejores resultados en cuestionarios de aprendizaje dependían de la actividad física combinada con la voluntad (Begley, 2007). Aquellos ratones que corrían en sus ruedas de ejercicio de manera voluntaria mostraban más conductas inteligentes y una mejor capacidad para aprender que aquellos que eran obligados a la actividad física en un laberinto de agua.

Otra investigación ha puesto de manifiesto que la beta endorfina, un compuesto químico que levanta el estado de ánimo y que es producida en el hipotálamo y en la glándula pituitaria, podría tener mucho que ver sobre el efecto del ejercicio sobre el cerebro. Ratones que produjeron beta endorfina y que fueron ejercitados, mostraron incrementos en el número de células recién nacidas y en su tasa de sobrevivencia en el hipocampo. Sin embargo, ratones que no produjeron beta endorfina pero que fueron ejercitados no mostraron cambios en la neurogenesis. Otros experimentos recientes usando terapia antidepresiva encontraron que ésta estimula la neurogénesis en adultos. Por otro lado, el estrés parece influir negativamente en la producción de células nuevas.

Las endorfinas son segregadas continuamente pero están sujetas a influencias. Las endorfinas son producidas por el organismo en respuesta a múltiples sensaciones, entre la que se encuentra el ejercicio físico, el dolor y el estrés, también influye en la modulación del apetito, la liberación de hormonas sexuales y el fortalecimiento del sistema inmunitario. Su secreción se ve favorecida por un estado mental relajado, es decir, lo que se conoce como estado alfa. Disminuye en el estado beta (estado de actividad mental, estado de tensión).

 

 

¿Sabías que…?

El cerebro del ser humano se ha formado a través del ejercicio. Nuestros genes son el resultado de la evolución de nuestra especie, y  algunos de estos genes necesitan ejercicio para “funcionar bien”. La falta de ejercicio se relaciona con la depresión, trastornos bipolares, estrés… Además del ejercicio, también nuestra alimentación y el descanso influyen de manera decisiva en el funcionamiento de nuestro cerebro.

Hasta mediados de los 90 se creía que a medida que pasaban los años nuestras neuronas empezaban a morir. Estábamos equivocados, ya que las últimas investigaciones neurocientífcas han demostrado que el cerebro sí tiene la capacidad de generar nuevas neuronas y nuevas conexiones neuronales. Se ha visto que practicando ejercicio de manera constante ayudamos a producir nuevas neuronas y nuevas conexiones, ralentizando el envejecimiento y previniendo la aparición de enfermedades como el Parkinson, el Alzheimer o la depresión.

La práctica de yoga favorece un estado mental relajado, que facilitará que las endorfinas se segreguen con mayor facilidad y en mayor cantidad. Además, es en sí mismo un ejercicio físico de intensidad variable, por lo que es evidente su relación con la generación de beta-endorfinas y BNDF y por ende con la neurogénesis.

 

 

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Con agradecimiento,

 

Jorge

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