Haber sufrido violencia sexual, abuso emocional en la pareja, maltrato psicológico en la intimidad, abuso emocional narcisista o experiencias repetidas de rechazo social o estigmatización vinculada a la orientación sexual, a la diversidad corporal, a la salud mental o al estado serológico de vih, por ejemplo, son factores que pueden manifestarse en una desregulación del sistema nervioso como efecto del trauma.
Existen heridas que se pueden expresar con palabras y otras que se manifiestan a través del cuerpo. Una persona puede ser consciente de que está segura en una relación, que quiere acercarse a alguien o disfrutar de su sexualidad, y aun así, sentir una contracción interna. Aparecen tensiones musculares, dificultades para respirar profundamente, la necesidad de alejarse, una urgencia por apresurar las cosas o, por el contrario, una sensación de desconexión o ausencia. Durante mucho tiempo, estas respuestas fueron interpretadas desde una perspectiva centrada exclusivamente en la mente: como falta de voluntad, miedo al compromiso, inseguridad o incluso como parte de la personalidad. No obstante, los estudios actuales sobre trauma, estrés y regulación emocional nos han permitido comprender que muchas de estas respuestas son intentos adaptativos del organismo para mantener la seguridad. Así que más que preguntarnos “¿qué está mal en mí?”, preguntémonos “¿qué aprendió mi cuerpo a hacer para protegerme?”.
Nuestro sistema nervioso: una historia de resiliencia y adaptación
El sistema nervioso humano ha evolucionado con un propósito fundamental: ayudarnos a sobrevivir. Para cumplir con esta tarea, nuestro organismo evalúa continuamente información que proviene del interior del cuerpo, de nuestros sentidos y del contexto social. Muchas de estas evaluaciones se realizan automáticamente, antes incluso de que tengamos una comprensión consciente de lo que está sucediendo. Cuando sentimos seguridad, nuestro organismo puede destinar energía a actividades como explorar, ser creativos, jugar, conectar socialmente, aprender y disfrutar. En cambio, cuando percibimos peligro, diferentes respuestas protectoras se activan. Algunas personas experimentan un aumento de energía: hipervigilancia, ansiedad, irritabilidad o dificultad para permanecer tranquilas. Otras pueden sentir desconexión emocional, entumecimiento o agotamiento; incluso pueden tener la sensación de estar separadas de su propia experiencia. Estas respuestas no son errores; son estrategias biológicas que alguna vez tuvieron funciones protectoras.
El verdadero problema surge cuando el sistema nervioso sigue reaccionando como si el peligro estuviera presente aún cuando las circunstancias han cambiado.
La ventana de tolerancia: el umbral donde podemos sentir sin desbordarnos
El concepto de “ventana de tolerancia”, desarrollado por el psiquiatra Dan Siegel, describe el rango fisiológico dentro del cual podemos mantener una experiencia integrada. Cuando estamos dentro de esta ventana podemos experimentar emociones intensas mientras seguimos teniendo acceso a recursos importantes: la capacidad para pensar claramente, reflexionar, conectar con otros y tomar decisiones sin perder el contacto con nuestro cuerpo.
Salir de esta ventana puede ocurrir en dos direcciones. Por un lado, podemos entrar en un estado de hiperactivación: ansiedad intensa, miedo descontrolado o pensamientos acelerados. Por otro lado, podemos caer en estados de hipoactivación: desconexión emocional y apatía acompañadas por falta de energía o una sensación abrumadora de irrealidad. Las experiencias traumáticas repetidas o aquellas ocurridas en etapas tempranas pueden estrechar esta ventana; esto implica que situaciones cotidianas podrían desencadenar respuestas extremas más fácilmente.
El objetivo de muchos enfoques informados por el trauma no es eliminar emociones difíciles ni alcanzar un estado eterno de calma; más bien busca expandir gradualmente nuestra capacidad para permanecer presentes ante distintos estados internos. Se trata menos de dejar de sentir y más sobre poder experimentar sin desvanecerse en el proceso.
La teoría polivagal: ¿metáfora útil o ciencia en evolución?
En las últimas décadas, la teoría polivagal propuesta por Stephen Porges ha impactado notablemente áreas como la psicoterapia y la educación emocional al sugerir que nuestro sistema nervioso autónomo tiene diversas estrategias para responder a situaciones seguras o amenazantes. Esta teoría relaciona ciertos estados fisiológicos con nuestras conexiones sociales y reacciones defensivas ante amenazas percibidas. Muchas personas han encontrado este modelo útil para entender por qué a veces sienten que están “en modo lucha o huida” y en otras ocasiones experimentan bloqueos emocionales.
Sin embargo, investigaciones recientes han cuestionado algunas afirmaciones específicas dentro de la teoría polivagal —como la simplificación entre un “vago ventral seguro” y un “vago dorsal colapsado”— señalando que carecen del consenso científico necesario y pueden resultar excesivamente simplificadas. Esto no implica desechar todos los aportes realizados por dicha teoría; muchos principios fundamentales coinciden con conocimientos ampliamente aceptados: el sistema nervioso responde al contexto cambiante; nuestros estados corporales afectan nuestra percepción y conducta; las relaciones seguras tienen un efecto regulador significativo; y nuestra capacidad para conectar con otros está intrínsecamente relacionada con nuestro estado fisiológico.
En otras palabras: tal vez los mapas necesiten ser revisados pero el territorio sigue existiendo. Sabemos que la seguridad no es solo un concepto racional; también es una experiencia corporal vinculada a señales internas y externas sobre previsibilidad y conexión libre de amenazas.
Trauma, sexualidad e intimidad: cuando el cuerpo se protege para sobrevivir
Todo esto cobra especial relevancia en el ámbito íntimo y sexual. Una persona puede sentir un deseo y una atracción sexual hacia otro ser humano pero al mismo tiempo notar cómo su cuerpo reacciona aceleradamente o siente la necesidad incesante de controlar las interacciones hasta perder sensibilidad o desconectarse completamente en momentos clave.
Esto puede ser especialmente evidente tras haber sufrido violencia sexual, experiencias traumáticas sexuales y también por abuso emocional en la intimidad, maltrato psicológico, abuso emocional narcisista e incluso por como experiencias repetidas de rechazo social o estigmatización vinculada a la orientación sexual o por su estado serológico de vih por ejemplo.
El cuerpo puede aprender rápidamente que la intimidad necesita atravesarse velozmente o ser evitada por completo. En consecuencia, en ciertos casos recuperarse no significa buscar experiencias más intensas sino reintegrar la capacidad para permanecer presentes: permanecer respirando; permanecer en una caricia; permanecer mirándose mutuamente; permanecer disfrutando sensaciones agradables sin necesidad del sistema nervioso apurado por desconectarse.
De esta manera el placer deja de ser solo un destino final para transformarse en una experiencia plena e inmersiva.
Volver a habitar nuestro cuerpo
La regulación emocional no consiste simplemente en controlar cada reacción del sistema nervioso ni lograr un estado ideal constante donde todo esté bajo control; es importante recordar que nuestra vida seguirá trayendo situaciones estresantes e inciertas. Un sistema nervioso saludable no es aquel que nunca se activa ante retos sino aquel capaz de adaptarse ágilmente entre distintos estados emocionales regresando al equilibrio siempre que sea posible.
A través del establecimiento continuo de experiencias seguras (contacto respetuoso y confianza) así como movimiento consciente y respiración podemos aumentar nuestra habilidad para sentir plenamente. Tal vez sanarse no implique eliminar todos los mecanismos protectores adquiridos sino permitir que el cuerpo descubra progresivamente cuándo ya no necesita estar en modo lucha.
Para los casos más severos de trauma sexual y trauma en relacionesa afectivas íntimas es importante buscar el tratamiento psicológico adecuado y complementar con terapia y educación somática para la regulación del sistema nervioso, así como un servicio de asesoramiento, educación o terapia sexual con terapeutas y profesionales de la sexología.
En mi caso, ofrezo terapia somática integrativa sensible al trauma (online y presencial en Madrid) https://jorgecabellos.com/terapia-somatica-integrativa-masaje-somatico-madrid/ así como asesoramiento sexológico con un enfoque somático, sensible al trauma y con perspectiva de diversidad corporal, sexual y de género: https://jorgecabellos.com/sexologia-somatica/
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Con amor,
Jorge Cabellos
Bibliografía empleada:
- Siegel, Daniel. La mente en desarrollo: cómo interactúan las relaciones y el cerebro para modelar nuestro ser (1999)
- Pat Ogden, Kekuni Minton y Clare Pain. El trauma y el cuerpo (2006)
- Bessel van der Kolk. El cuerpo lleva la cuenta (2015)
- Stephen W. Porges. La teoría polivagal (2011)
- Peter A. Levine. En una voz no hablada (2010)
- Paul Grossman. Fundamental challenges and likely refutations of the Polyvagal Theory: A critical review (2023)

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